Muchos niños muestran dificultades en algunos aspectos, pero siempre se puede mejorar

 

En primavera no todo es reír y cantar. Acaban de llegar las notas del 2º trimestre y en muchas familias vuelven las caras largas y la desazón. Los niños/as continúan arrastrando las mismas dificultades que tenían  a comienzo de curso, y aunque quizás hayan puesto más de su parte, no han logrado los resultados que esperaban o que esperábamos. Laura Almà, Psicóloga de Clínica Memociono, nos cuenta que las consecuencias de estas dificultades van más allá del aspecto académico, afectando de lleno a la autoestima del niño.  

CADA NIÑO ES UN MUNDO

Pero… ¿qué está pasando? Pues simple y llanamente, lo normal. Cada niño es diferente y, por lo tanto, no todos aprenden de la misma forma: lo que para unos es coser y cantar, a otros les supone una auténtica carrera de fondo. Es importante que tomemos consciencia de esta realidad para poder ayudar a nuestros hijos a progresar a todos los niveles, tanto en el rendimiento académico como en el plano emocional.

Hay niños a los que les cuestan las mates y no hay forma de que se aprendan las tablas de multiplicar; otros que se tiran horas leyendo sin comprender lo que han leído, o que acaban suspendiendo por faltas de ortografía, o que se pasan horas en su habitación siendo incapaces de concentrarse en el estudio. O, simplemente, niños que están tristes porque se sienten rechazados por sus amigos, o por haber sufrido la pérdida de un ser querido… Hay tantos ejemplos que podríamos estar una vida explicándolos…

TODAVÍA HAY TIEMPO PARA ENCARRILAR EL CURSO

Pero, a lo que íbamos… Lo importante, a fecha de hoy, es que todavía queda curso por delante y es el momento perfecto para tomar decisiones y actuar. Y la pregunta es ¿qué es lo que podemos hacer? Ante todo, es importante acudir a un gabinete de psicología especializado en las etapas de la infancia y adolescencia para poder poner nombre y apellido a lo que está pasando, es decir, para diagnosticar esa dificultad específica de aprendizaje o de conducta que presenta el niño y poder intervenir de la forma más adecuada, poniendo a su alcance las herramientas que necesita.

Como afirman desde Memociono, “Un buen diagnóstico es una herramienta útil y un derecho del niño”. Diagnosticar no significa “etiquetar”, sino identificar aquella dificultad que existe para poder afrontarla de un modo eficaz. Por tanto, es el punto de partida necesario para ponernos a todos en igualdad de condiciones y afrontar el problema “cara a cara” para darle la mejor solución.

A partir del diagnóstico, el equipo de psicólogos establecerá el tratamiento más adecuado en cada caso, que pasará por potenciar los puntos fuertes del niño y trabajar sus áreas de mejora, desarrollar nuevos hábitos de conducta más funcionales, incidir en el aprendizaje de técnicas de estudio y/o repaso, etc. En definitiva, se optimizarán todos los recursos en beneficio del niño para mejorar su rendimiento académico y su bienestar emocional.

Compartir