En Clínica Memociono sabemos que un suspenso puede tener múltiples causas y que identificar el problema y trabajar para remediarlo es el punto de partida.  Como afirma la psicóloga Laura Almà, “Tras una mala calificación puede haber mucho esfuerzo, escondido bajo un trastorno de aprendizaje, malestar emocional, problemas físicos, malos hábitos de estudio o desmotivación”.

Porque las notas son un tipo de indicador que está relacionado con los objetivos académicos de la escuela, pero no siempre muestran el trabajo realizado por el niño, su desarrollo o progresión. Además, las malas calificaciones van de la mano de la frustración y el fracaso. ¡Y no debemos permitir que los niños se desmotiven!

¿Qué hacemos cuando llega un suspenso a casa?

Los padres y las madres solemos reaccionar de forma diferente: o bien estallamos y nos enfadamos, o mostramos incomprensión ante lo sucedido o podemos, incluso,  restarle importancia. En cualquier caso, nuestra responsabilidad debería ser siempre hacer algo ante lo sucedido.

Los niños, muchas veces, solo necesitan una guía, tener un faro al que dirigirse, pues no saben cómo estudiar, aprender, organizarse, planificarse, o simplemente desconocen sus puntos fuertes y débiles. Ante estas situaciones, debemos abandonar los argumentos “fáciles” como que  “no ha estudiado lo suficiente”, e ir más allá para poder  identificar el problema y poner los medios adecuados para resolverlo.

Desde Memociono recomendamos actuar de la siguiente forma:

  1. Primero, hablar con el niño sobre lo sucedido para conocer su opinión, planteándole las siguientes preguntas: ¿Qué ha pasado? ¿Esperabas estos resultados? ¿Cómo crees que podemos mejorarlos?
  2. Posteriormente, hablar con los profesores/tutores, explicarles cómo vemos al niño y buscar alternativas orientadas hacia una mejora en su rendimiento y, en general, en su bienestar emocional: ¿Y ahora qué hacemos?
  3. Contactar con un psicólogo en las siguientes situaciones: cuando no logramos identificar lo qué está pasando, cuando el problema nos desborda o en el caso de detectar señales de alerta que nos preocupen.

Todo ello deberíamos hacerlo de forma diligente y sin demora, pues una detección e intervención tempranas son las mejores aliadas para  prevenir dificultades futuras. En estas situaciones, el tiempo es muy valioso y debemos ponernos manos a la obra cuanto antes.

Una vez detectado el problema, ¿cómo podemos ayudar al niño/a?

  • Apoyándole en sus dificultades, entendiendo y respetando sus diferencias individuales.
  • Hablando con él/ella sobre el problema con serenidad, afrontándolo como un reto y mostrándole nuestra confianza.
  • Cultivar los valores del esfuerzo y la constancia, haciéndole entender que solo él/ella puede cambiar sus resultados. ¡No abandonar es la mejor consigna!
  • Empoderarlo/a y potenciar sus puntos fuertes, para que se sienta capaz.
  • Celebrar las mejoras.

Desde Memociono proporcionamos las herramientas y estrategias que permiten transformar estos problemas en retos emocionantes con las miras puestas en la mejora académica y el bienestar emocional.

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