El síndrome del emperador

Llantos, chantaje emocional, gritos, amenazas conductas agresivas, violencia física y verbal en casa… ¡Niños que sienten que tienen un poder en su hogar y padres que son súbditos de su emperador!
Estos días de confinamiento nos hemos encontrado que estas problemáticas en casa se han acentuado. Hemos pasado mucho más tiempo con nuestra familia y las conductas problema y malas dinámicas se han puesto sobre la mesa.


En este síndrome, también conocido como el del niño rey, nuestro hijo se vuelve tirano, sometiendo a los padres a su voluntad para conseguir lo que quiere. A su vez, a los padres les invaden sentimientos de frustración e incapacidad de lidiar con el comportamiento y las demandas. Muchas veces, sobrepasados por el día a día, evitamos discusiones y conflictos (si mi hijo no quiere comer espárragos tampoco es tan importante, puede comer el postre directamente). Proporcionamos a los niños un poder que no pueden tener, y esta igualdad de roles entre padres e hijos nos acaba pasando factura. Y acabamos con unos padres rendidos que van perdiendo el control de su hogar.
¿Cómo podemos evitarlo?
• Establecer límites muy claros, normas que todos los de la casa conozcamos con objetivos alcanzables.
• Evitar las triangulaciones: si en casa sois dos adultos, es importante que todos reméis hacia el mismo sitio. Ambos debéis acordar un objetivo y manera de proceder igual.
• Fomentar el desarrollo de habilidades sociales: la empatía, la tolerancia a la frustración. El desarrollo de la inteligencia emocional juega un papel muy importante en la aparición de estas conductas.
• Si las conductas son muy frecuentes, intensas y se nos escapan de las manos debemos consultar con un especialista.
Muchas veces los padres somos recelosos y nos sentimos mal al marcar las reglas del juego. No es fácil, pero debemos tener en cuenta que los límites, normas y autoridad son una expresión de amor de los padres hacia los hijos. Los niños necesitan límites para crecer y muchas veces con estas conductas nos los están pidiendo a “gritos”, nos explican desde la Clínica Memociono. “Muchos padres nos consultan porque se encuentran en estas dinámicas familiares difíciles de romper, con sentimientos de frustración y sentimientos de incapacidad, no pudiendo con las conductas tiranas de sus retoños. El mero hecho de ser hijos no nos da derecho a todo”, comenta Laura Almà.

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