Los procesos de separación son uno de los acontecimientos vitales más estresantes que pueda vivir una familia. Los conflictos, peleas y desavenencias que los acompañan, son causa de dolor para todos sus integrantes, padres e hijos. Cuanto más problemática sea la separación, mayor será el sufrimiento de unos y otros.

Los niños viven un tsunami emocional con efectos psicológicos múltiples.  El miedo, la sensación de culpa, la tristeza, la ansiedad o el estrés, la confusión y la sensación de soledad son algunas de las vivencias más comunes, y a nivel conductual suelen aparecer comportamientos de rebeldía,  rabietas, regresiones diversas, problemas de sueño, alimentación, control de esfínteres, etc. Su mayor miedo es al abandono y a no ser queridos.

En muchas ocasiones, los padres no quieren verlo, o no saben verlo, y es muy común escucharles decir cosas como “No, no se enteran, no preguntan…” “Nosotros les vemos bien, el cole les va estupendamente…”.  Sin embargo, tal como explican los profesionales de Memociono, “Hay que recordar que los niños viven bajo el mismo techo que vosotros y no son tontos. Ellos han estado allí cuando discutíais en vuestra habitación y uno de vosotros se iba a dormir al sofá, o en la “guerra fría” que se respiraba durante las comidas, cuando dejabais de hablaros pero en donde vuestro silencio dolía mucho más que cualquier grito o insulto. Al cabo de los años, os explicarán que, aunque no os dabais cuenta, lo pasaron fatal y que muchas veces sintieron que ellos fueron los culpables de vuestra ruptura”.

Uno de los predictores para una adaptación saludable de los niños y adolescentes en un proceso de separación, es la serenidad y el equilibrio de los padres en el abordaje de sus conflictos, así como la continuidad de su relación como figuras paterna y materna en la educación y crianza de sus hijos.

La Clínica Memociono realiza atención psicológica para padres separados o en proceso de separación y para a sus hijos, facilitando su adaptación a la nueva situación familiar, aportando la máxima estabilidad. Aquí tenéis algunas pautas para poder ayudarles:

  1. Pensad, por encima de todo, en el bienestar de vuestros hijos.
  2. No engañad a nadie y, sobre todo, no les engañéis a ellos. Vuestros hijos son los primeros en darse cuenta de que algo está pasando y es mucho peor todo lo que puedan llegar a imaginarse, que las palabras que podáis poner a lo que os sucede.
  3. Desde el primer momento, hayáis o no decidido separaros, explicad a vuestros hijos lo que está pasando. “Papá y mamá están pasando un mal momento y estamos intentando solucionarlo” o “Finalmente hemos decidido separarnos”.
  4. Asumid la responsabilidad de vuestra ruptura. Vuestra relación no depende de vuestros hijos, ni aún en aquellos casos en que hayáis podido tener problemas serios con alguno de ellos, especialmente en la adolescencia. Sois vosotros, adultos, los que no habéis sabido manejarles. Cuando tengáis la sensación de que vuestros hijos se están cargando vuestra relación, acudid a un profesional en busca de ayuda, tanto para vosotros como para ellos.
  5. Dejadles siempre claro que ellos no son los culpables de vuestra separación.
  6. Decidles que siempre les querréis, y demostrárselo con vuestros actos. Pero, cuidado: ¡no caigáis en la sobreprotección! Tratadles siempre como a niños normales de su edad para ayudarles a crecer y madurar.
  7. No intoxiquéis a vuestros hijos con vuestros problemas, ni dejéis que nadie lo haga. No les pongáis en medio de vuestras peleas, ni habléis mal del otro padre, ni los utilicéis como moneda de cambio, ni como espías. En este punto sí que debéis mantenerlos totalmente al margen de vuestros conflictos.
  8. Cuando estéis negociando el acuerdo o convenio de separación, y queráis conocer su opinión, no les vayáis con una hoja en blanco, sino con una propuesta clara para ver qué les parece y poder valorarlo.
  9. Mantened una estabilidad en el estilo de vida familiar, en vuestras rutinas y en la forma de educar y criar a los niños.
  10. Buscad tiempo para comunicaros en familia, hablar entre vosotros y compartir vuestras emociones.

Y recordad: vosotros no sois solo una pareja que se ha roto, sino también sois el padre y la madre de vuestros hijos, y ellos os necesitan ahora y os necesitarán siempre para crecer sanos y felices

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