El TDAH tiene 3 síntomas clave: falta de atención, hiperactividad e impulsividad, que se manifiestan en el niño en diferentes grados, lo que nos marca diferentes perfiles. “De hecho, hay tantos perfiles como niños diagnosticados, por lo que el tratamiento ha de ser totalmente individualizado y ajustado a las necesidades de cada niño”, nos explica Nuria Soler directora de memociono

Todos estos síntomas afectan a la vida escolar, familiar y social de los niños. Pero, ¿os habéis preguntado alguna vez cómo sienten y viven estos síntomas tanto ellos como sus padres, familias,  amigos, maestros y profesores y la sociedad en general?

El niño no entienden por qué le pasa lo que le pasa… ¿por qué esforzándose lo mismo o más que sus compañeros los resultados no son satisfactorios? ¿Por qué por mucho que le repitan las cosas no acaba de enterarse? ¿Por qué no logra acabar las tareas de clase como todo el mundo? ¿Por qué nunca sabe los deberes que tocan para el día siguiente? ¿Y ese desorden? ¿Qué hace que sea tan difícil estar todo el día sentado en clase? ¿Por qué sus compañeros pasan de él y siente que hablan a sus espaldas? ¿Por qué a veces estalla y grita e insulta y se le va la mano? “¡Jolines! ¿Pero qué es lo que me pasa? ¿Soy un bicho raro o qué?”  Todo eso hace que se sientan tontos, estúpidos, vagos, mala gente; que su autoestima caiga en picado porque creen que no valen para nada y son unos fracasados; y  que se aíslen y se sientan solos.

Por su parte, los padres se desesperan porque no entienden nada. Por mucho que intentan ayudar al niño, no lo consiguen. Ellos quisieron siempre educar a sus hijos por igual, pero entonces, ¿por qué con ellos no funciona? Y comienza el peregrinaje en busca de ayuda: psicólogos, psiquiatras, medicación. Y aparece el miedo, y los sentimientos de culpa por haber hecho algo mal…

Desde memociono nos recuerdan que, ante todo, hay que celebrar las diferencias individuales, valorar a cada niño como un ser único y acompañarle en su desarrollo. En el caso del TDAH, es totalmente necesario realizar un buen diagnóstico para ayudar al niño y su entorno a afrontar esta situación. Aquí el papel de la familia es fundamental: comprender y aceptar el problema ayudará a poner los medios adecuados para que el niño logre sus objetivos y alcance su bienestar emocional. Los padres han de creer en sus hijos, confiar en ellos/as, valorarlos y animarles a trabajar aquellos síntomas que les causen dificultades en el día a día. Han de ser capaces de identificar sus fortalezas y transformar sus peculiaridades en virtudes. En este sentido, la coordinación familia-escuela-centro de atención psicológica es un elemento clave para alcanzar el éxito.

Y qué decir de los niños… El hecho de entender lo que les pasa les ayuda a conocerse mejor, quererse y cuidarse; a saber, que son diferentes, a valorar esa diferencia y a tener esperanza en ellos mismos y en el futuro.

Ahora es el mejor momento de acudir a un especialista para poder garantizar a estos niños un acompañamiento continuado desde el primer día de curso.

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